martes 29 de septiembre de 2009

Fins ara!

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Y con esta entrada se acaba la primera temporada de este blog.
Corto, sí (como el cerebro de su autor), pero si los orgasmos fuesen eternos, dejarían de gustarnos.





Deseando tan solo que sus lectores se hayan entretenido con sus contenidos, y agradeciendo eternamente su fidelidad y aportaciones, este desdichado y maloliente sujeto que juega a ser surfista se esconderá entre las sombras durante un tiempo, para dedicarse en cuerpo y alma al estudio de la masturbación de los macacos en la estepa del Ngorongoro.





Muchas fotos nos han quedado por mostrarles, así como tonterías que contarles, pero tras ver la buena aceptación que ha tenido un blog nacido de lo absurdo y cuya única propagación ha sido el boca-oreja a partir de un correo a nuestros más allegados, volveremos, se lo aseguro pues nuestra primera experiencia virtual ha sido enteramente grata, y cuando eso suceda, ansiamos que nos acompañes de nuevo, apreciado lector.
El espacio se mantendrá activo temporalmente para recibir opiniones, donaciones económicas u ofertas de empleo altamente remunerados.






Foto 1 – Los tabloneros catalanes se abren de brazos ante la mejor ola de la zona, y si pudieran, se abrirían también de piernas. El Cementiri, Sitges.

Foto 2 – El arco iris se puede ver casi cada día (y varias veces) al norte de Kauai. El socorrista de la caseta se tuvo que emplear duro minutos después de sacar esa foto. Tablón de 15 pies, moto acuática y ambulancia, salvaron una vida estrellada contra el coral.

Foto 3 – Bomba sureña. Es una ola conocida, pero a los locales no les gusta escampar su nombre.

Foto 4 – 10$ cada uno por pillar 3 olas en la canoa. El del fondo surfea gratis.

Foto 5 – Un contraluz duro a modo de punto y seguido.




domingo 27 de septiembre de 2009

tablón es diversión

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A continuación les exponemos una breve muestra de que muy posiblemente el surf empezó como una actividad altamente social y alborozada, que promovía la alegría entre la tribu y servía a modo de avenencia y confraternización entre sus practicantes.
A pesar de los cientos de surfistas que corren por Waikiki, aquí tenemos un ejemplo de la diferencia entre “saltar” y “compartir” y además, haciéndolo con clase. ¿Quién da más?






En la ola, y por orden, Lluís Gonzàlez, Àngela Turró, Xavier Junqueras “Junx” y un desconocido (avísanos si te reconoces), comparten una ola erótico-festiva mientras Eduard Sole les observa, regocijándose, desde atrás . Un poquito más adelante, un engañado que no pilla ni pillará olas con esa tabla en esa playa, contribuye a dar un poquito por culo al resto de surfistas. Huelga mencionar que cuando acabó esa ola (una buena ola, por cierto), los cuatro protagonistas se felicitaron entre sí.





Un dato muy significativo: ¿por qué es tan raro ver a un shortboarder sonreír mientras corre una ola y no lo es tanto en un tablonero? Y misma pregunta pero a la inversa: ¿por qué un shortboarder tiende tanto a fruncir el ceño (expresión de enfado, agresividad, odio) y no es frecuente vérselo a un tablonero?
Dani “Long”, local de las playas de El Maresme es un buen ejemplo. La verdad es que este día tenía sus razones para troncharse de risa consigo mismo, pues tras llegar a la playa del Aiguadolç a las 8 am, se encontró un baño tremendamente interesante, una luz preciosa y con 3 amigos en el agua (y un fotógrafo afuera).






Una playa tropical con agua caliente y olas juguetonas dan pie a dos amigos (o quizás no lo sean) a disfrutar del longboard en su esencia máxima.





Àngela y Tania también irradian felicidad en el agua, y aún más si surfean juntas (véase la entrada anterior http://longueando.blogspot.com/2009/09/surf-longboard.html en la que comentábamos la facilidad para avenirse entre tabloneros). Este día estaba resultando muy productivo en cuanto a olas, y tras tomar esta instantánea y pese a la fatiga acumulada durante toda la mañana, el fotógrafo se vio obligado a volver a coger su tabla y remontar de nuevo hacia el pico.

miércoles 23 de septiembre de 2009

publicidad en el surf - II (y final)

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Y aquí es donde llegamos a contradicciones sin sentido que rozan lo absurdo.
En la industria del surf se exprimen hasta la saciedad ilusiones como la del ecologismo, cuando no hay más que fijarse sin demasiada meticulosidad en las materias primas de los productos que utilizamos al surfear(además de la gasolina y keroseno que quemamos para ir a la playa) para ver que no somos precisamente los más indicados para alardear de nuestra "limpieza"; fantasías de pacifismo y buen rollito, dos bonitas cualidades que quedan totalmente anuladas por la masificación, alentada ésta por la misma publicidad; espejismos de desconexión y lejanía del mundo, algo absurdo con lo que engañarse cuando al cabo de unas pocas horas vamos a estar currando de nuevo, a las órdenes de cualquier imbécil con delirios napoleónicos.





Por eso mismo, porque se trata de actualidad materializada unida a deseos primarios, este tipo de propaganda entra en resonancia provechosa con la gente y se vende especialmente bien, suscitando los publicistas en nosotros la falsa creencia que nuestra elección a la hora de escoger un producto (tabla, neopreno, estampado del bañador,...) es enteramente libre, algo parecido a cuando votamos en las generales o en las elecciones de nuestro pueblo.




No es que de repente surja algo de la nada y simplemente nos atraiga (a tí, a mí y, al mismo tiempo, a 10 millones de surfistas más) , sino que cuando alguien con poder suficiente dentro de la industria cree oportuno poner algo de moda, tras un meticuloso estudio de mercado y otro estudio aún más meticuloso sobre como nos lo van a presentar, tal producto se propaga como una epidemia por mera imitación.
Colas de golondrina, tablas con remos, quads, ... cada una a su debido tiempo. Nada de sacarlas todas de golpe, que si no estos consumidores se gastan demasiado rápido su dinero y no podrán comprarse el nuevo juguetito que sacaremos el año que viene (pero que, paradojicamente, están inventados desde hace más de 30 años en el caso del más moderno). Curiosamente, todas estas "novedades" coinciden siempre con docenas de videos y reportajes de profesionales surfeando ese tipo de tablas. ¿Cómo?¿Profesionales?¿Quieres decir que cobran por ello?






En el surf, la publicidad, sloganes, frivolidades y tics ocupan casi enteramente el qué hacer que antes estaba dedicado a razones, ideas y simples gustos personales, aunque era en cierta forma normal que así ocurriera a partir del momento en que el pasó a ser considerado un producto comercial que se jugaba su supervivencia, extinción o desarrollo en los altibajos del mercado.
Y así como yo envidio, entre tantas otras cosas, aquella exquisita creatividad personal de individuos anónimos de la juventud de los años 50, me pregunto si envidiarán algo de nuestra generación quiénes están naciendo ahora. Serán tiempos tristes si nos tienen a nosotros por seres afortunadamente libres.





Para acabar, tan solo aclarar que no es éste un artículo que pretenda menospreciar la tarea de publicistas (de hecho, me quito el sombrero por conseguir que les obedezcamos sin necesidad de apuntarnos con un arma), ni tampoco menospreciar a quiénes hacemos caso de sus repetitivos sloganes (demasiado pedante será aquél que se excluya de este grupo), así que allá cada cual con su manera de leer, analizar y entender estas líneas, que no son sinó una insignificante opinión reflexiva para acompañar unas fotos, que es lo que quiénes pasáis por aquí queréis ver realmente.


sábado 19 de septiembre de 2009

publicidad en el surf - I

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En más de una entrada anterior hemos hecho algún inciso acerca de una de las partes que personalmente más me gustan del longboard, y es ese sucedáneo de personalidades curiosas y a veces peseudo-enfermizas que uno puede llegar a encontrar en los rincones de cada playa con un mínimo de convergencia social.
Pero como no todo son aromáticos pétalos de rosas ni bonitos trenes de colores haciendo “chu-chu”, nos vamos a referir ahora a la otra parte, al Mr. Hide alejado del Dr. Jekill, ciñéndonos más al surf en general, pero por supuesto, sin excluir al grupúsculo tablonero.





En un mundo cada vez más homogéneo e igual (y desgraciadamente no hablo de igualdad económica o social), la publicidad se ha convertido en el mejor arma en contra de la capacidad creativa e intelectual del individuo como dueño de sí mismo, supliendo la imaginación, sensibilidad o los simples gustos propios, por las de un anónimo a sueldo de una empresa publicitaria que decide qué será lo mejor para nosotros y anulando casi por completo la capacidad de desarrollar una personalidad propia e inventiva de cada persona.






En el surf el sistema es muy simple: los publicistas crean un rol sugestivo y remolón que servirá de patrón para cortar a toda una manada de incautos insatisfechos con su personalidad (o a veces, carencia de ésta, lo que no sería del todo malo) y dar paso, así, a todo un ejército de pseudo cyborgs en serie que persigue unos estereotipos creados, animados o alentados en un despacho, pero que para bien o para mal, no son nuestros.
Es decir, a golpes de publicidad y sloganes atrayentes, la industria consigue no solo que compremos esto o aquello, sino incluso forjar la personalidad del individuo. Si en el ambiente surfero de los 80 debías de ser un porreta y en los 90 un salvaje de ceño fruncido, al cambiar de milenio has tenido que pasarte al lado del soul y del colegueo (habrá incluso quién haya pasado por las 3 fases).






Y siguiendo con este hecho, de un tiempo a esta parte nos están machacando en videos y revistas del sector con esa visión del "surfista-artista", cantada, contada e interpretada con falsa naturalidad, y según la cuál no puedes considerarte un buen surfer si además no (haces ver que) eres pintor, poeta o cantante (no importa cómo lo hagas, sino que simplemente lo hagas), y consiguiendo así ese aura especial que te permite ver el surf de una manera que ya no puede ser comprendida por el populacho, sino solo por los “espiritus refinados”. Esperemos, por Buda, que el cliché de la próxima temporada para ser un auténtico surfer no sea convertirse en un estudioso sobre los hábitos alimenticios del dragón de Kómodo, ni escribir una tesis sobre la capacidad de desarrollo del movimiento browniano en la parte más occidental del Orinoco.





Y es que, igual que en la industria alimentaria no hay granjeros sonrientes ordeñando vacas en verdes prados ni abuelitas entrañables amasando la pizza que compraremos después en la sección de “congelados” del Carrefour, en la industria del surf también nos muestran una realidad ficticia, molongui y chachipirulesca; de hecho, ¿por qué iba a ser diferente al resto de mercados?


miércoles 16 de septiembre de 2009

crossteping

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Dícese del avance hacia la punta del longboard cruzando las piernas.

Hoy en día totalmente instaurado entre el contingente tablonero catalán, estuvo ausente durante muchísimos años por estos lares, sin saber siquiera sus integrantes que existía tal danza de elegancia extrema.
Con el tiempo, tras muchas sesiones de películas de surf en grupo, y mucho Longboard Magazine a partes iguales, buena parte de este grupúsculo se dio cuenta de que el hecho de dirigirse hacia la punta arrastrando los pies como si de zombies se trataran no respondía precisamente a la premisa de la elegancia (ni a ninguna otra de las citadas en una entrada anterior de este blog
http://longueando.blogspot.com/2009/07/click-en-las-fotos-para-verlas_12.html ).





Ejemplos podríamos presentarles muchísimos, pues aunque pueda parecerles extraño a quiénes desconocen del conglomerado tablonero mediterráneo, maniobrar sabemos más bien poco pero, paradoja supina, estilo y postureo sobre la tabla no nos falta; aunque cómo no es precisamente tiempo de lo que voy sobrado, me contento con ponerles tan solo unas pocas imágenes relativas a los pasos cruzados.
En cualquier caso, el visionado completo de lo que aquí se pincela tan escuetamente es un mensaje tan simple como que el estilo es, muy a nuestro pesar, una de las proposiciones básicas en el longboard, gracias al cual hemos podido sacar fotos como las que aquí les ofrecemos.






Foto 1 – La parsimoniosa Àngela Turró se lo cruza de arriba a abajo con estilosa feminidad en una playa Mediterránea cualquiera.

Foto 2 – Con Xavier “Junx” Junqueras hay 3 cosas que me encanta hacer: tocar música, lamernos los sobacos tras un caluroso concierto y sobretodo, surfear en El Cementiri.

Foto 3 – A Kasper Van Nuland le has visto antes por este blog. El mejor longboarder holandés se lo pasa pipa en un conocido spot luso.

Foto 4 – Joao “O Xoco” Dinis estuvo en el último festival de Salinas. Quizás le recuerdes por sus preciosas quillas de madera “X-Fins”.



viernes 11 de septiembre de 2009

surf = longboard

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Desde hace cientos de años (posiblemente miles) y hasta hace apenas medio siglo, solo se había surfeado con longboards (bueno, ahora nos dicen que también con esas tablas planitas cuyo nombre no recuerdo). Desde entonces se venía cumpliendo la premisa surf=tablón y, en cuestión de poquísimos años, tal verdad elemental cambió radicalmente para cumplirse que surf=shortboard y longboard=longboard.
Gracias a tan selectiva separación, el mundillo del tablón se ha ido convirtiendo en ese universo surrealista que es hoy, ecosistema soñador repleto de iglús descongelados, mitos caídos, alpinistas-samurais y amazonas en la luna de Valencia.






En un mundo abracadabrante y singular como es el de los 9 pies, lleno de maniáticos temperamentos y fácil idolatrismo por parte de buena parte de sus practicantes, resulta cuanto menos curioso que el ambiente entre tabloneros sea tan gratificante; a riesgo de chamuscármelos, pongo mis huevos en el fuego a que no soy el único que ha ganado grandes amigos en diferentes picos a raíz de una sola cosa en común (y de gran simpleza, por cierto): las dimensiones de mi tabla.
Alá los cría y ellos se juntan”, que dicen muy acertadamente en un remoto pueblo del Kurdistán.






A diferencia de la shortboard, en que la agresividad de tu maniobra y la altura de tus aéreos muestra lo mejor o peor surfista que eres, en el longboard no hay un estilo imperante al que se le rinda pleitesía, sino que un reentry totalmente vertical con un 9.0 en el punto más crítico de un Pipeline de 3 metros puede resultar tanto un ejemplo a imitar para muchos, como una aberración extrema para buena parte de entusiastas del tablón, algo más feo de ver que a Falete cagando a primera hora de la mañana.





Y para un servidor y para todos los currelas que tengo a sueldo en www.longueando.blogspot.com , ésa es una de la mayores virtudes del tablón: que cada cuál, salvando las periódicas ánsias iconoclastas de turno, le da su propia perspectiva a este submundo, convertido en muy poco tiempo en un dios sabroso, regalón y frívolo al que muchos hemos decidido rendir pleitesía, cuál esclavos adorando al faraón que le corresponde.
Al margen de otras tablas acuñadas en décadas anteriores y anunciadas en nuestros días como tablas de actualidad pero hechas para ser consumidas y desaparecer (como los jabones y las compresas), el longboard sigue existiendo (y lo seguirá haciendo), como si se tratase de una linterna que proyecta luz sobre una lejana parcela del pasado, manteniendo su fidelidad a las medidas, costumbres y estilos de antaño.





Y es que puede parecer pretencioso, abstracto o deliberadamente místico, pero uno sigue creyendo que pese al materialismo, superficialidad e interés con máscara sin rostro que recorre el mundillo del surf, el grupúsculo del longboard genera más autenticidad, simplemente, por no ser tan sugestivo para las marcas. Y que así siga por muchos años.


domingo 6 de septiembre de 2009

¿te gustan pequeñas?

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Si vienes leyendo asiduamente este desaseado y poco coherente blog, habrás observado que en el Mediterráneo es posible llevar una vida surfera. Diferente, medio en broma y nada envidiable pero se puede, siendo el tablón por razones obvias, el medio más sugestivo para poder aprovechar lo poco y poco frecuente que llega la costa.





Tras desaparecer el demagógico y no menos ignorante cliché de que el longboard solo lo usaban quiénes no disponían de pericia para surfear una tabla corta (aunque parezca mentira ésta ignorancia aún sigue latente en algunas mentes perdidas), han sido no pocos quiénes se han subido al carro del tablón en los últimos años, sintiendo en sus propias carnes que es realmente cierto que en las olas pequeñas se lo pueden pasar tan bien como en las grandes (aunque nunca en su vida hubieran pillado ninguna de éstas), y que todo es, una vez más, una sencilla cuestión de gustos.





El tablón es, de facto, para usarlo en olas pequeñas. A un servidor también le gusta en ocasiones bajar un par de metros con un nueve pies, pero dudo que el longboard, una tabla de dificultad de giro y engorrosa maniobrabilidad (pensemos sobretodo en las antiguas), se hiciese con intención de bajar olones rápidos sobre arrecifes de coral, sino más bien por la comodidad y disfrute con la que se desenvuelve en olndulaciones pequeñas y apacibles.
Y no vayan a creerse aquellos lectores que pasan por casualidad por este espacio que esto del amor por las olas pequeñas, este cliché que poco se corresponde con los mensajes de las agencias de publicidad del sector, es una idea aislada y poco compartida.






Existe la devoción extrema del mediometrista convencido (cuartimetrista, en esta entrada) y la indiferencia compasiva de aquél que pasaba por allí, pero tras una sesión de longboard en ondulaciones enanas, ambos sujetos describen en su cara una muestra de sentimientos alegres a cargo de una ola que podría ser el hazmereir de los tamañeros más tamañerosos, pero que, paradójicamente, la gran mayoría de ellos también ellos sabe disfrutarlas.





Movimiento perenne, heterogeneidad, ballet de siluetas impredecibles, contingencia, ventura, … todo ello desarrollado en una ola “rodillera” o incluso “tobillera”. Una manifestación de rebeldía por parte de individuos inconformes con las pautas establecidas, empeñados en adoptar formas alternativas a la existencia de un surf que no les atraía no solo por la tozudez de su forma sino también por su carácter pronosticablemente efímero, y a la que tuvieron que renunciar en un principio casi cabizbajos por el simple hecho de no sentirse atraídos por ese tipo de surf que las revistas y las (escasas) imágenes de televisión mostraban como único.





Y una vez más (y por los 3000 euros que me han pagado por hacerlo), huelga volver a citar las palabras “festivales de longboard”. Gracias a esas reuniones de amigos y desconocidos que sirvieron a más de uno como terapia estilo “Alcohólicos Anónimos”, los amantes del tamaño ridículo ("tamañeros invertidos", según mi gran amigo Ivan Uroz) pudieron ver que no estaban solos en el gusto por las micro-ondulaciones, y así se les hizo más fácil salir del armario para poder gritar bien alto “¡Me gustan las olas pequeñas! Me gustan las olas pequeñas!”
Así pues, aprovechamos este minúsculo espacio en la gigantesca red para citar públicamente a dos de los grandes, Don Pepe Hevia y Don Inocent, y agradecerles que a golpes de “Love Parades” tabloneras impulsasen el amor por las olas pequeñas a lo largo del estado.


A los dos, os amamos.

martes 1 de septiembre de 2009

David Walton: 25 años de surf en Sitges

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La historia del surf catalán no está muy clara, o al menos no tenemos una historia "oficial" como tienen nuestros apreciados lectores del norte peninsular, con sus nombres particulares y playas concretas, sino que aquí todo el mundo ha sido pionero de todas las playas y desvirgador de los picos más concurridos. Aún así, lo que sí tenemos es una serie de nombres propios que han contribuído a crear la espina dorsal del surfin local, y que solo los desinformados o los necios (o ambos a la vez) se atreven a ignorar.





David Walton es uno de los surfistas en activo (y muy activo) que más años de surf se ha pegado en el Mediterráneo. Al mando de la tienda The Big Kahuna, situada junto a la playa del Aiguadolç en Sitges, es el único propietario de surf shop local que se moja por los surfistas catalanes. Ofrecer gratuitamente las fotos de las sesiones de Sitges, organización de campeonatos, mantener al día la webcam en el Aiguadolç, partes de olas a todo aquél que se los pida, ... son, entre otras, las aportaciones de David al surf catalán. Además, es el único propietario de la zona que, lejos del postureo téxtil y frases aprendidas en ferias del sector, se le puede ver muy asiduamente en la playa pillando olas, así como de surfari a la que mínima que puede mantener cerrada la tienda unos días.




Su pasado surfero se remonta a 1972, cuando , en plena pegada de los thusters, adquirió su primera tabla por 100 dolares: un egg 7' de Gordon Smith. A mediados de los 70 surfeó picos vírgenes en América del Sur, algunos de los cuáles son destinos punteros repletos de hoteles en la actualidad, y recorió parte de Australia y Hawaii en una época en que viajar era sinónimo de aventurar.






Tras vivir en más de una docena de países y visitar más de 60, decidió afincarse en el (por aquel entonces tranquilo) pueblecito de Sitges, en donde pudo surfear durante muchos años a solas con sus amigos Esteban Rosas y Evan Illas, quiénes forjaron tambien parte de la historia del surf catalino.

Pero ésa, es otra historia (léase esta última frase con voz constantinoromeriesca).

jueves 27 de agosto de 2009

estampas "amb mongetes" - II (y final)

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Siguiendo embarcados en el paradigma metafórico del surf mediterráneo, que si bien puede resultar sugestivamente gracioso, con frecuencia bloquea el camino de aquellos que desean tomarse esto más en serio, a continuación les mostramos, estimados y fieles lectores, la segunda tanda del coleccionable Estampas “amb mongetes”.

“Pic montgatí”. Encontrar estas olas en uno de los epicentros surferos catalinos y que no haya nadie en el agua es más difícil que creerse que un político mira por el pueblo. Àngela Turró entrenándose con su longboard para el campeonato ACL de Gerra, en el que por cierto, consiguió eliminar a dos machotes y amigos cántabros de su manga.





“Da Bull a la catalana”. Al fotógrafo mediterráneo, cargado siempre de cierto misticismo romántico, le encanta jugar a creerse reportero gráfico de revistas mundiales (o al menos a éste), de ahí que busque crear un halo de misterio o ensoñación en sus fotos. Emulando a Greg Noll en Pipeline, este tablonero estudia los mil y un peligros que puede comportar esta sesión en Premià de Mar.





“Graaaande”. Triunfador en campeonatos locales, Roger Amigó se pilla este olote en un día en que todos y cada uno de los usuales picos de El Maresme (además de alguno esporádico) rompían a la perfección.





“All-i-oli”. La salsa catalana por excelencia. Endiablado a la par que simple mejunje de la tierra que cuando sale bien, hace las delicias de todo aquél quién está en la mesa, sin pensar en las consecuencias.





“Sugerente Aiguadolç”. Uno de los picos preferidos por el grupúsculo tablonero catalán, reino y refugio de Sir David Walton, se escogió como escenario para celebrar el Campeonato de Longboard The Big Kahuna. Días como los de la foto se pueden ver muchas caras conocidas, pero más aún, desconocidas.


viernes 21 de agosto de 2009

estampas "amb mongetes" - I

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Para todos ustedes, señoras, caballeros y raritas especies que visitan este blog, ofrecemos una breve documentación gráfica, a gruesas pinceladas y con voluntad poco iconoclasta, de lo que puede dar de sí la vida surfera a la catalana.

Colgado por el surf”. Y Sergi Galanó lo está. Local de Montgat-Masnou, amante de (casi) cualquier cosa que le permita pillar olas, la humildad es lo primero, y que viva la barretina y la montaña. En la entrada anterior puedes ver que, además de prestarse a las estupideces de un fotógrafo algo trastornado, sabe bien qué hacer con un trozo de foam bajo sus pies.





Longueando”. Estas sesiones son por las que vale la pena pagar. La esencia pura del longboard, sin agobios, sin gente, sin viento. Felicidades al de la foto que, como siempre, si se reconoce que nos lo diga (cosa difícil en este caso, pues podríamos decir que se trata de Richy Palomeque, Jesús de Somo o Joel Tudor con el pie cambiado).





Sí. Es Catalunya”. A milésimas de segundo de entubarse en La Caleta (Montgat), Pablo "Pablillo" Páramo flipaba en esta sesión. Este chaval está en el Top3 de los mejores surfistas catalanes y negarlo sería hacerle un flaco favor a la verdad. A pesar de haberse curtido totalmente en las olas mediterraneas, y como se ve en la foto (tomada hace unos 4 años), el chaval es puro estilo. De adolescente era un toca-cojones, pero el savoir-fer que ha adquirido con los años le sitúan, para un servidor, en uno de los shortboarders catalinos a imitar en el agua.





“El Dorado”. Ondulaciones de oro en un rinconcito costero al sur de Barcelona. Eduard Sole es de los que llegan a la playa a las tantas, con el viento subido y el pico a petar, pero cuando madruga (como ocurrió este día) acostumbra a tener bastante suerte (como ocurrió este día). Ahora mismo está pillándose unas olas en Lanzarote, por lo que mi resquemor hacia él irá aumentando durante el mes de agosto.







“Anarquía y birra fría”. La creencia popular entre un buen número de veteranos de estos lares es que aquí el surf es para partirse de risa, una parodia total que alcanza límites insospechados. La imagen muestra lo que, desgraciadamente, es la tónica general en cualquir pico a partir de las 10am, en este caso, presentada por Andrea Cerruti y un 10 pies contra la inconsciencia personificada.



sábado 15 de agosto de 2009

no es long todo lo que reluce...

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El surf catalán es joven si lo comparamos con el español, el vasco o el portugúes, pero hay ciertos detalles que evidencian que ya no es tan niño, demostrando que buena parte de los surfistas locales han abandonado la adolescencia surfera con acné juvenil, ese querer ir a remolque (y además llegar muy tarde) de todo lo que pasa 700 kms al norte.
Zarautz dejó de ser el surfari preferido (y casi único) y poco a poco se adquirieron conocimientos suficientes para descubrir las medidas de tabla correctas (y casi perfectas) para surfear en casa, en vez de hacerle caso a un dependiente de ves a saber dónde (en numerosas ocasiones, con mala voluntad) que cuando marchabas de la tienda se cachondeaba de que surfeases en el Mediterráneo.


Todos esos conocimientos fueron formando una personalidad propia que permitía elegir el rumbo hacia el que se quería ir, a expensas de lo que se dijese allí o allá que era mejor y evolucionando así, el feto del surfista "barrufet": para algunos, sentimientos al borde del trance; para otros, simple vacio saturado de énfasis.







Llegados a este punto, y puesto que no es éste un artículo que se vaya editar a diez páginas, no queda más remedio que hablar de Sergi Galanó, quién gusta de surfear todo tipo de tablas que no sean un thruster convencional. Fue corchero, y ahora es fish-ero, quad-ero y tablón-ero. Odia la masificación, sobretodo la de su pico local, de ahí que adore días como los de la foto (twinfin, en la Caleta de Montgat) , en que 5 tíos (contados) pillan olas y el resto ni siquiera llegan al pico.






Uno de los pesos pesados del surf catalán. Jordi Forner, “el Bolas” empezó surfeando La Barceloneta con tabla corta y así sigue, ajeno a las modas actuales que intentan dictar qué tabla nos hace más o menos surfers. Resulta cuanto menos paradójico que de un lugar con las olas tan sumamente flojas como es el Medi, pueda surgir alguien con un surf tan agresivo, vertical y saltimbanqui como “El Bolas”.





Fíjense ustedes si se respira surf en las playas catalinas, que no andan escasas ni de practicantes de SUP (posiblemente la mejor variante del surf para el Mediterráneo) , sobretodo en la zona sur, donde se concentran la mayoría de éstos. No recuerdo el nombre del retratado, así que si alguien le identifica que nos lo diga.






Por los pies de Jordi Sánchez han pasado (y siguen pasando) tablas de todos los tamaños, colores y combinaciones de quillas posibles, aunque la mayoría de días escoge, muy acertadamente, un tablón; de ahí que llegara a la final en el Campeonato de Longboard Big Kahuna del pasado año. Pero como este testimonio gráfico demuestra, pillando El Masnou de derechas (en donde un precioso espigón de piedras te barra el paso) y con un singlefin, pericia no le falta con el resto de sus tablas.


lunes 10 de agosto de 2009

Longanimidad

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(Del lat. longanimĭtas, -ātis).

1- Grandeza y constancia de ánimo en las adversidades.
2- Benignidad, clemencia, generosidad.


La propuesta sobre la ampliación del significado que le hemos enviando a la Real Academia Española : “desinhibición, regocijo, alegría,.…





…jarana, juerga, cachondeo, parranda…





…placer, gozo, pseudo-orgasmo,satisfacción, …





… enriquecimiento psicológico-espiritual, creatividad, alborozo”.


martes 4 de agosto de 2009

Tablón ibérico - II (y final)

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En el incansable debate sobre si longboard clásico o progresivo, hemos oído de todo.
A nivel de competición, y pese a escuchar tantas veces que se utiliza un sistema de puntuación “50-50” (50% maniobras clásicas y 50% maniobras modernas), no hay más que ver cómo surfean los finalistas de los campeonatos españoles para darse cuenta de que no es así.
Un dato anecdótico sobre el tema, surge de la comparativa con el país vecino. Como muchos recordaran, durante el festival de Salinas de no-se-qué-año, se pudo ver la amplia diferencia entre el estilo francés y el español (a gusto de cada uno corresponde pensar cuál es mejor o peor) , cuando cinco surfistas de la Cote des Basques se acercaron a competir a Asturias. En su surf no existían grandes reentrys ni floaters descomunales, pero la facilidad, elegancia y personalidad con que colgaban los dedos de la punta nos deleitó a todos los presentes, pensando, muchos de nosotros, que alguno de ellos se llevaría el campeonato. No fue así; de hecho, ningún francés llegó a la final masculina.





Sobre esta diferencia de estilos, el ya citado Chukito nos cuenta que “al cabo de un tiempo uno cansa de todo, y yo particularmente empecé a querer buscar un poco el lado mas clásico de este mundillo. Me olvidé de los tablones finos y versátiles y me tire de cabeza al mundo del longboard gordo y anchote. De entrada, piensas que con un tablón bien grueso, trucos como los hang-ten tienen que salir solos, pero descubres que no; que este tipo de surf tiene muuucha mas miga de lo que parece, y es posible que sea eso lo que lo haga aún más atractivo”.

Cuando Beau Young se pasó por España hace unos años (Asturias otra vez; ¿pero qué coño hace Pepe Hevia para conseguirlo?) también nos dejó unas palabras al respecto, escuchadas ya otras veces por tabloneros de su misma índole (de la índole de Young, no de Pepe) :
“Coge una ola, surfeala haciendo giros cerrados, reentrys violentos y floaters de infarto… pero no le llames a eso longboard. Eso sí; si quieres ganar una competición no dudes en utilizar esos trucos”.





A nivel de formas, sin dejar de lado su pasado ni renegar de la fuerte personalidad que consiguió en los 60, el tablón ha sabido dar paso a los nuevos tiempos, sumándose a la historia moderna de una manera amistosa. Podríamos destacar en nuestras costas una tabla de entre 9’ y 9’2” trifin sin un rocker exagerado como el longboard más aceptado. Su versatilidad a la hora de jugar con las quillas combina los beneficios que proporciona un singlefin para hacer noseride con la maniobrabilidad que ofrecen las quillas pequeñas a la hora de hacer giros cerrados. Y es que, la revolución del shortboard en los 70, dejó parte de su herencia al longboard moderno.





A nivel competitivo, la cosa no acaba de alzar el vuelo. Aparte de los eventos (cada vez más escasos) de la renombrada ACL, los campeonatos de longboard tienen poca repercusión, tanto para los medios especializados como para los patrocinadores, en especial y paradójicamente, para las marcas de surf.
Kepa Alvarez, tablonero competitivo donde los haya, cree que “a nivel de organización/competición existen dos personas clave: Pepe Hevia de Salinas e Inocent de Los Locos. Pienso que deberíamos quitarnos el sombrero ante ellos por todo lo que han hecho y siguen haciendo. Por otro lado, a pesar de que haya quién piense que el longboard está de capa caída, no hay más que esperar al festival de Salinas y el número de inscritos nos dará la respuesta. ¡En mi playa hay más tablones que nunca!”.





A diferencia de Kepa, y quizás pecando de abordar con pereza los hechos, hay quiénes no le vislumbran un futuro cercano muy glorioso al longboard estatal, puesto que tras varios años de parches, cambios de escenarios, de modelos y rumbos que generan gran incertidumbre, parece que aún no se ha encontrado un camino firme y certero; y es por eso que muchos de los impulsores del tablón en nuestras costas se felicitan a sí mismos, en casi silencio, por haber vivido los momentos más importantes, sin monserga nostálgica ni resentimiento, pero con orgullo.





Aún así, y a modo de opinión personal, sigo pensando que en estos últimos años, el longboard no sólo ha brillado con doble intensidad, sino que amenaza con seguir haciéndolo hasta mucho después de haberse apagado la llama de su máxima lucidez.

*Como escribí en algún comentario anterior, este artículo sale a la luz dos o tres años despues de haberlo acabado. Espero que lo tengas en cuenta, distinguido lector, y te situes en la época al leerlo.

miércoles 29 de julio de 2009

Tablón ibérico - I

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El inicio de este artículo se remonta unos 10 años atrás, a finales de los 90, cuando a mano y sobre papel, escribí lo siguiente:

Llevamos ya un tiempo en que el longboard ha dejado de estar marginado en la playa. Ya no me siento un tio rarito al entrar al agua con mi tabla. De hecho, me animé muchísimo, hace unos días, cuando estuve en el taller de Edu Zips y vi que solo tenía shapes de tablones”.

Quizás por la influencia de Francia, quizás porque tocaba, o quizás por la misma razón por la que ahora se tiende a escoger twins y quads, tras haber permanecido en el olvido durante mucho tiempo, el longboard empezó a crecer como la espuma en el Estado durante la década de los 90, convirtiéndose, sin quererlo, en el origen del movimiento retro surfero, tan adorado hoy en día.





La mayoría de los veteranos volvieron a sacar con orgullo sus antiguos tablones del garaje, recordando las figuras rítmicas y armoniosas que tanto les habían hecho disfrutar en el pasado aunque, y considero importante decirlo, algunos de ellos nunca llegaron a guardarlos.
Muchos jóvenes shortboarders se sintieron atraídos por la idea de surfear más relajados, de poder caminar sobre la tabla, y aprovechar hasta la ola más pequeña, y decidieron incluir un tablón en su quiver. Descubrieron de nuevo la gracia y el equilibrio - el “deslizar" - del longboard, y la diversión de maniobras clásicas que no es posible sobre una tabla corta.
Los talleres de tablas empezaron a recibir más y más encargos y las surf shops bajaron los tablones a modo de decoración del techo de las tiendas para empezar a venderlos de manera usual.





Ignacio SolísChukito”, conocido free surfer de la costa asturiana, nos cuenta su caso.

Mi primer tablón me lo regalo mi señora en el 97. Eran muy raros de ver, al menos en mi zona; de hecho tuve que encargarlo sin tener ni idea de lo que estaba haciendo. Con aquel tablón me lo pase increíblemente bien y en poco tiempo fuimos bastante longboarders en el agua. Te hablo de mi caso particular, pero creo que es extrapolable a mucha mas gente, gente que de se compro un tablón sin saber muy bien de lo que iba el tema y enseguida se metieron a machete en ese mundo. Vendieron todas sus tablas pequeñas y nunca pensaron que volverían a surfear shortboards convencionales. Fue mi caso y el de muchos”.





Coincidiendo con esta explosión/expansión, se empezaron a crear diferentes y variopintos clubes de longboard repartidos por toda la geografía, y naciendo, con la unión de todos ellos, un circuito de festivales-campeonatos: la popular unión de clubes, ACL.
Sin duda, los festivales son cuanto menos interesantes: surfistas con mayor o menor nivel no solo tienen la oportunidad de conocerse entre sí, sino también la de compartir unos días relajados en que las tablas grandes son las únicas protagonistas, dejando ver inquietudes comunes y manifestando alguna claridad sobre cómo y porqué pasó el tablón a formar parte de sus vidas. La necesidad o no de la competición sigue siendo tema de debate entre los participantes, pero el caso es que, exista ésta o no, montones de furgonetas seguirán aparcando (y acampando) frente al pico durante los días del evento.





Pero para hacer un balance más amplio sobre el estado del longboard en nuestras costas, es necesario conocer la existencia de otros géneros, sin ceñirnos tan solo a una sola idea.
Daniel Alvite es de sobras conocido dentro del mundillo del tablón. Dejando de lado los numerosos viajes que se ha pegado, saltó de Argentina a Catalunya, y ahora lleva unos años afincado en Galicia. Desde que vivía en Barcelona años ha, su nivel no para de subir y actualmente se le puede ver en la mayoría de competiciones tabloneras (ocupando sitios destacados en las mismas).

Los festivales, el rollo clásico, el colegueo y todo eso está muy bien, pero sería erróneo englobar todo el longboard en ese saco.
No todos los tabloneros participan en los festivales, y no todos los que participan comparten la misma idea. Dentro del long estatal está también la cara fea, la de la gente que se esta gastando un dineral en competiciones de todo tipo para poder algún día conseguir algo. La ACL tuvo tanto éxito precisamente por ese motivo: buen rollo, palabras bonitas y pocas exigencias a las marcas
”.





Y quizás ahí es donde radica parte de la gracia del longboard: tantas personas, tantas ideas. En un mundo cada vez más globalizado, en que no dejan de meternos en la cabeza que todos deberíamos ser semi-clones (en todo, menos en el dinero, claro) y tener un pensamiento único y robotizado, disponemos de un espacio en el que cada uno tiene su propia visión, en el que cada uno opina y siente de manera diferente.

martes 21 de julio de 2009

Soledad...

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En California se dice que si Gidget no hubiese pisado Malibú en el 59, el agua no estaría hoy abarrotada de gente. No habrían triunfado los Beach Boys ni la surf music. Los jóvenes americanos de los 60 se habrían dedicado quizás al fútbol y USA estaría ahora disputando las primeras plazas de los mundiales.
Dale Velzy habría tenido que cerrar su taller de tablas por quiebra y John Severson nunca habría editado la revista “Surfer”.
Los surfistas californianos de los 60 habrían disfrutado de sus olas durante varios años bajo total anonimato y quizás Kelly Slater sería hoy un encargado de planta en la cadena de supermercados Walmart.





En nuestra geografía no ha existido ninguna Gidget ni ningún fenómeno tan concreto que marcara un antes y un después en la masificación del surf, sino que llegó todo de una manera más lenta. Unos veían a Jesús Fiochi en El Sardinero, otros a los Arteche, en Gros y, poco a poco, de manera pausada, los curiosos se iban animando a subirse encima de una tabla, apuntándose al carro con todo lo que ello conllevaba.
La cosa es muy diferente hoy en día, en que el mayor cambio que ha sufrido el surf desde entonces ha sido el de la popularización, pasando de ser un deporte insignificante y marginado a ser tenido en cuenta por publicistas, ayuntamientos y organismos oficiales. Pero este avance es también exigente y confuso.
En unos tiempos en que el número de gente en el agua ha subido acorde con el nivel demográfico mundial, el objetivo principal del surfista ya no es encontrar la ola perfecta, sino tambien surfearla solo, o al menos, tranquilo.




Igual que no fuimos los primeros en descubrir qué se sentía deslizándose sobre una ola, tampoco lo fuimos en sentir qué se sentía ante la masificación: Pipeline, Trestles, Snapper Rocks, … Mundaka, Rodiles, Pantín, …
A modo de opinión personal, y parece ser que a contracorriente de la mayoría, si alguna vez estoy cerca de cualquiera de esos spots, tan solo pararé el coche para hacer unas fotos. Después, seguiré conduciendo hasta encontrar un pico más tranquilo, un sitio en el que la tensión en el agua no sea latente (requisito indispensable para que pueda disfrutar del surf).





Y es que, igual que en ciertos momentos y en ciertas playas he llegado a sentirme un godo de mierda, un jodido extranjero e incluso, en un bonito paraje de cuyo nombre prefiero no acordarme, un puto tablonero, en los picos que frecuento también he sentido esa misma “invasión” desde dentro (mismo sentimiento pero a la inversa; nada más paradójico).
Llegados a ese punto es cuando la soledad empieza a aumentar su valor sistemáticamente, aunque pueda llegar a resultar contradictorio en sí mismo. Nadie con quién compartir ese momento, nadie con quién hablar, nadie que nos asista en caso de accidente… pero nadie que nos moleste, que nos amenace, que altere ese momento, esa sesión.
En un mundo (y época) repleto de gente en que lo que menos importa parece ser querer adaptarse a los demás, encontrar un pico solitario es como encontrar un suculento botín para un corsario o unas braguitas de cuero usadas para un fetichista del porno blando.




Quizás a Ibon Amatriain no le guste estar solo en Playa Gris o a Oscar Gómezel loco” en Santa Marina con 6 metros tampoco (aunque quizás deberíamos preguntarles), pero es obvio que no me refiero a ese tipo de situaciones.
Un rato de silencio en un entorno natural; un rato en que nos encontramos con el aislamiento y, a pesar de que psiquiatras y sociólogos (y socorristas) puedan decir lo contrario, no se está tan mal.
Son momentos en que no nos afecta la hiper-población; momentos de pleno contacto hombre-naturaleza; momentos de diálogos filosóficos con uno mismo, aún sin pensarlo; momentos en que la saturada red de telecomunicaciones nos pierde el rastro; momentos en que estamos en paz con nosotros mismos y con el resto del mundo, con la naturaleza, con el planeta...
¡Cuánta tranquilidad puede suponer un suspiro entre serie y serie!




Por último, remarcar que no es éste un artículo que quiera hacer apología de la soledad en el mar, puesto que ésta en ocasiones puede ser contraindicada e incluso peligrosa, sino que se trata de una visión puramente subjetiva del autor.

"¿Dónde se hallaría más soledad, más silencio?" preguntaba el capitán Nemo a Pierre Aronnax a bordo del Nautilus, en “20mil leguas de viaje submarino”.

viernes 17 de julio de 2009

Rit...ret...retro

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A estas alturas, tras haber evolucionado y haberse consolidado, el surf en nuestras costas se ha convertido en una rama del arte vanguardista. Cuando parecía que el camino se había centrado exclusivamente en el thruster y que cierto tipo de tablas solo iban a ser surfeadas por cuatro matados surgidos del panorama playero más incontestable, surgió una nueva moda: la del volver atrás.
Hasta no hace muchos años, las tablas retro, basadas en diseños y medidas de décadas pasadas, no merecían otra consideración que la de tanteos jurásicos, pero en nuestros días son tablas que han salido de las listas necrológicas para entrar a formar parte de la resurrección.
Para algunos estaba cantado que, siguiendo con esa fiebre de los retornos que nos persigue últimamente (nuevas versiones de coches antiguos, vuelta a los escenarios de grupos míticos, diseños de ropa de los 60, …), el surf no se iba a escapar. Allí donde hay consumidores, de la moda no se salva ni dios (con minúscula). Bendita publicidad. Y es que, nos guste o no, y aunque para algunos sea duro de asumir, el surf está actualmente tan ligado al sistema como lo están el esquí o el baloncesto.






Sería absurdo o auto-engañoso negar que este revival basa todo su existir en la importación de modas internacionales (concretamente, la norteamericana, como la mayoría de novedades relacionadas con el surf), pues no se trata de que, de golpe y porrazo, a nuestra generación le haya dado un respingo de corazón setentero, ni tampoco de una búsqueda constante de los valores y símbolos del pasado, sino que la todopoderosa máquina del dólar descubrió una nueva rama para producir dinero.
Tan fácil como pagar el viaje a 4 profesionales y editar unos cuantos videos con el nuevo producto para que una parte importantísima de consumidores se vuelquen en él. La globalización se encarga del resto.
Y es que hoy en día una surf shop no está a la última si no dispone de unas cuantas tablas retro para que el comprador pueda escoger a la hora de ampliar su quiver con un nuevo juguete.
En efecto, las modas ponen los productos al alcance de muchos (al menos, en su conocimiento), haciéndolos accesibles a aquellos que ni siquiera sabían de su existencia.
¡Pero ojo! También son un medio, totalmente artificial, para que los objetos queden obsoletos en un periodo determinado (y estudiado) de tiempo. Resulta muy fácil, en estos tiempos rápidos y modernos, cruzar la fina línea que separa la libertad ante el poder escoger, de la esclavitud por lo dictado por la moda en cada momento.





Durante un tiempo se trataba de un movimiento de lo mas underground, propio de melancólicos o tarados (o incluso las dos cosas a la vez), pero fuertemente avalado por la esencia de quienes lo practicaban. Mientras todos nos preguntábamos en la playa porqué narices esta minoría de surfistas seguían empeñados en surfear aquellos trastos, no nos dábamos cuenta de que en realidad, el simple hecho de que hubieran optado por salirse de la tónica general a la hora de escoger tabla (o hacérsela, dada la limitación a la hora de comprar), describía un camino de puertas abiertas, una mezcolanza de ideas a la que muchos iban a apuntarse al carro en unos años.
Es sabido que el tiempo acaba por poner las cosas en su sitio (aunque a veces tarde) y es ahora cuando esos personajes están recibiendo consideración, aunque, como ya hemos citado antes, las modas son pasajeras y estos personajes no tardarán en volver a caer en el olvido.
En aquellos años nuestros (llámeseles años incultos, llámeseles inocentes), el movimiento retro estaba explotando en California. Los tan citados últimamente Alex Knost, Dan Malloy o el mismísimo Joel “el-estilo” Tudor, entre otros, habían recibido la oportunidad de hacer ver al mundo que sus preferencias en el agua también tenían cabida dentro del surf contemporáneo. Y no la desperdiciaron. La idiosincrasia que les caracterizaba era precisamente el rechazo a anteponer los intereses de la moda a sus propios gustos
.





A pesar de que algunos de ellos se basaban en la simple diversión a la hora de escoger ese tipo de tabla que se salía de la tónica general, otros no dudan en afirmar (ni lo hacían) que, al utilizar esas tablas, lo único que buscaban era una resistencia a surfear lo que la industria dictaba, una alternativa a la contradicción intrínseca de la modernidad, tomando a ésta como un riesgo de perversión fundamentalista dentro del surf.
Y es por eso que a alguno de ellos casi le da un patatús al ver que asiduos a los salones del tunning, ex-pandilleros camorristas arrepentidos, o neo-surfistas con poca cultura sobre el mundillo, llegaban a la playa con un impecable quad recién salido de cualquier surf-shop de L’Hospitalet del Llobregat, de Alcobendas o de (que el lector exponga a su gusto cualquier ciudad dormitorio de su zona).
Dentro del movimiento retro puedes conseguir cualquier cosa que parezca antigua, excepto el precio. Soy el primero en considerar que algunos productos manufacturados son dignos de ser tratados como artículos lujosos, pero, cayendo en la odiosa comparativa de precios frente a otro tipo de tablas (y teniendo en cuenta el material, el tiempo empleado en la fabricación, el número de personas que trabajan en ellas …), la ley de la oferta y la demanda es bien tangible en este caso.





Estas tablas pertenecen a una generación dividida entre el localismo doraniesco y la melancolía más soul. Entre uno y otro término, y arriesgándome a caer en el romanticismo más utópico, si tuviera que apostar a decir sobre cuál de los dos planeaban las mentes y/o corazones de los que nos abrieron las puertas a las tablas retro, me quedo con el segundo.
Y es que hay una gran diferencia entre hacerse viejo y envejecer con clase.

domingo 12 de julio de 2009

Elegancia, parsimonia, distinción, garbo, glamour, finura, ...

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Cualquiera de estas características (o todas juntas) son necesarias para marcar un buen estilo en el longboard. Muy lejos de la tergiversación, ésto no significa que para hacer tablón se requiera ninguna de estas cualidades, pero sí son necesarias, una vez más, juntas o por separado, para hacer BUEN longboard. Por suerte, lo que para mí es bonito para tí es feo, y de lo que tu huyes, a mí me agrada, y maldito el día que no sea así, pues habremos muerto como seres de gustos independientes para transformarnos en los humanoides aciborgados de tendencia única que tanto afán tienen algunos en convertirnos.
Además, tienen ustedes, fidedignos lectores, el servicio de mensajería de este blog (anímense y opinen) y todas las barras de bar del mundo para contradecirme, que esa en una de las pocas grandezas de esta época, que todavía se puede opinar (de según qué) sin ir a la cárcel.
Les presento a continuación a algunos personajes (de dudosa estabilidad mental pero benigna sensibilidad todos ellos) que son una fiel representación de lo anteriormente escrito.

¡Quieto todo el mundo! Andrea Cerutti: virtuoso del violín, fetichista de las tablas retro, camiseta por dentro de los pantalones, bañador en los inviernos soleados y, por encima de todo, elegancia mediterránea. A bordo de su Daniel’s 10 pies y enfundado en su cola-de-castor, “Il onorato gentiluomo" nos muestra lo que, para él, debiera de ser el surf: rema-monta-y-déjate-llevar.






Ettiene Neto. Recuerden este nombre el día que crucen la parte sur del Guadiana, porque muy posiblemente se encontraran a este tipo en la playa donde se den las mejores condiciones al otro lado de la frontera. Etienne tiene todo tipo de tablas y las surfea todas de una manera que ya querríamos quiénes le observamos desde afuera. Verle en el agua nos hace recordar nuestra mediocridad, pero si tenemos a mano una cámara, al menos volvemos con buenas fotos a casa. Su coche está hecho polvo y el día menos pensado, se le desploma por cualquier acantilado portugués en mitad de una sesión.





Dando pasos de ballet sobre las puntas de sus pies, Àngela Turró se dirige hacia el nose como tiene que ser: cargando el peso atrás, cruzando las piernas, sin exageradas zancadas. Ella cree para sus adentros que parece un pelícano cojo cuando hace noseride; nosotros decimos que parece una princesa dirigiéndose al trono el día de su coronación. Cada cuál, que juzgue por sí mismo.





Ah… qué decir de este hombre. Creador de “La Tijereta”, propagador de la parte más sectaría de la filosofía mediometrista, longboarder de renombre en la escena catalana, incomprendido total ante los jueces, ... estuvo a punto de mantener una bonita charla con las rocas por conseguir esta imagen, de cara al fotógrafo. Lluís González, “el potrillo del Poble Sec”, siente el surf, siente el longboard y sobretodo, siente no haber nacido en el sur de California.



martes 7 de julio de 2009

Secret-spots

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Posiblemente Catalunya sea el territorio con más secret-spots de todo el estado. El 85% de surfistas locales tiene uno (o más) , lo que demuestra que este mar es uno de los mejores sitios para surfear de toda Europa.
El equipo de www.longueando.blogspot.com (más de 200 personas trabajando para vosotros) os mostramos los nuestros.

Para empezar una foto de un pico del que solo puedo decir que está entre los 200 kms que separan Calella de Palafrugell y el Prat del Llobregat; lo siento por los curiosos, pero no podría arriesgarme a apuntar más cerca, no fuere que se llene de gente. El gallego Coco (gran espíritu tablonero) se lo pasa en grande.





La siguiente imagen pertenece a una playa de cuyo nombre no quiero acordarme. Solo puedo decir que salen unas izquierdo-derechas tremendas para longuearlas y que si te va la marcha nocturna y los jovenzuelos de pecho rasurado, es tu lugar.




Ah…grandísimo secret. Al hacer la foto intenté no pillar mucho detalle del lugar por respeto a los locales, que como se ve, son pocos. Curiosamente, la ola que se ve en primer plano está siempre sola.




¿Y qué decir de éste? Nos lo tenemos muy callado. Los mayores peligros no son rocas, tiburones o coral, sino robots al servicio del Ayuntamiento ansiosos por ponerte multas y seguir engrosando así, las arcas municipales para que un alcalde ávido de poder se lleve el dinero a su casa. Imagina si son obedientes que incluso se multan a sí mismos.


jueves 2 de julio de 2009

Maniobras altamente puntuables

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Un punto de vista totalmente diferente a nivel de maniobras al de la entrada anterior.
A Daniel Costa, amante del mediometrismo, le das una caquita de ola y te saca todos los dedos. Si te va el rollo clásico, visita su página; quizás le encargues una tabla (http://retromovement.blogspot.com/).





Ah… este sí que es un buen surfista. Si ampliamos la foto, vemos que mi amigo Etienne Neto no llega al hang-five, sino que se queda en un… ¿hang-four?



La pasión tablonera de Kasper Van Nuland es caminar por el foam (lo veremos en futuras entradas), pero si hay que surfear desde atrás (qué dura tarea), pues se hace.



Manuel Constantino, de Lisboa, antes corchero y ahora gran longboarder, no se contenta con sacar los dedos, sino que saca todo el pie. Por cierto, acompañado de un nutrido grupo de portugueses, este año estará en Salinas.

domingo 28 de junio de 2009

Maniobras no puntuables

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Ser tablonero tiene su gracia, entre muchas otras por el sentido creativo que puede llegar a proporcionar un buen trozo de foam y una ola pequeña. En las free-sesions mediterraneas, somos todos muy buenos (sobretodo cuando nadie nos ve) y hacemos todo tipo de maniobras que, según nosotros, si estuvieramos en competicíon arrasaríamos con todo el que se nos pusiera delante. El caso es que despues nos apuntamos a un campeonato y no pasamos de la segunda ronda (excepto si tienes la suerte de que te toque con Pepe Hevia).
Por ejemplo, en la siguiente imagen tenemos a Eduard Sole demostrando su pericia en el “quasi hang-five”. Para nosotros, éso es sacar totalmente los dedos.



Una de las “maniobras no puntuables” más escampadas por estos mares es la del “quasi-tubo”. Jesús “Drak nos lo muestra claramente: se trata de agacharte tras bajar la ola y … ya está!! ¡¡Tubazo mediterraneo!!



Àngela Turró podría ser una fija en esta sección. Esta maniobra la bautizamos como “pelicano-kick-in-the-middle-of-the-board”. Puro catalan style.




Llejos del Mediterraneo, unos nos enseñan como hacer sobre el longboard, lo que otros no sabemos hacer ni en tierra firme. Joao Dinis, creador de las fantásticas quillas X-Fins, planta un pino sobre la tabla.



Y, a pesar de la poca seriedad que comportaría tal maniobra en un campeonato mundial, me gustaría saber si se puntuaría o no (y cómo) este ass-on-the-nose.



Nota del Autor: Quién se salva del protagonismo de esta entrada es el creador de una grandísima maniobra mediterranea conocida como “la tijereta”, por falta de documento gráfico.

lunes 22 de junio de 2009

Glide con barretina

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Glide. Ah… que bella palabra. La calidez que produce y todo lo que nos viene a la mente cuando la escuchamos da para una buena erección. En la foto superior tenemos a Dani “long”, retratado por mi mentor surfístico y fotográfico. Dani fue de los primeros (sino el primero) en surfear tablones de epoxi en Catalunya. A riesgo de equivocarme me atrevería a decir que hace de eso unos 7 u 8 años, y aún sigue surfeando con la misma tabla.



Esta foto salió publicada en el número 06 de Glide (revista que da título a esta entrada), así que no es novedad para muchos de los visitantes de este blog.




Àngela se puso las botas (Dr. Marteen’s como poco) en este baño. Dos horas de soledad en El Cementiri de Sitges mientras un surfista herido le tiraba fotos.



No recuerdo el nombre de este chico. Creo que actualmente es la cabeza visible de la ACS, y su nivel en el último año ha aumentado de sobremanera (si alguien sabe su nombre, agradecidos le estaremos de que lo publique aquí).

jueves 18 de junio de 2009

Waikiki-III (y final): Aloha, ¿realidad o teatrillo?

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Antiguamente relacionada al amor y a la bienvenida, tal expresión está hoy en día estrechamente ligada con la grandilocuencia del dólar. Aloha. Escuchas esa palabra en todas partes, en el súper, en la recepción del hotel más húmedo y ruín, en el MC Donald's, normalmente acompañada de una sonrisa más cínica que la de un político en campaña. Aloha. Unos la dicen por orden de sus jefes, otros porque quieren sentirse nativos, y otros porque no quieren que te vayas de su tienda sin comprar un ukelele fabricado en China o una bailarina Hula de plástico barato que se desmontará en 4 dias. En un libro contracultural leí que el lema dominante (pero camuflado) en Waikiki es algo así como Hele I Loko, Haole ‘In, Aka Ha’awi Mai Kala: "vete a tu casa, escoria continental, pero antes gástate aquí tu dinero".
El mercantilizado espíritu Aloha aún pervive en algunos rincones de Hawaii, pero sin duda, lejos de Waikiki.
La realidad es que la mayoría de los nativos hawaiianos están hasta las santas narices de tantos turistas y, más aún, de ver como tantísimo dinero generado se lo llevan los “recien llegados” del continente, dueños de las tierras que hasta no hace mucho pertenecían a las familias de los “morenos”, o que nisiquiera tenían propietarios.


Es menester tener en cuenta que hace poco más de un siglo, el reino de Hawaii estaba reconocido internacionalmente como una monarquía independiente, gobernado por y para hawaiianos, hasta que el hombre blanco, esta vez bajo bandera norteamericana, pidió muy amablemente a la vigente reina que cediera todos los poderes al gobierno yankee. Cara a la galería, y como se sigue haciendo hoy en día en estos casos, la palabra "invasión" se eludió, utilizando una que suena mejor: "anexión".
Se crearon reservas para indígenas (aún existentes en la actualidad) alejadas de los epicentros turísticos en dónde los nativos no pudieran molestarse más que entre sí y en donde el abandono, la drogadicción y la marginación son comparables a las del barrio más pobre de Nueva York.



Obviamente, la versión ofrecida por la mayoría de medios relata una versión diferente de la que aquí se expone de modo resumido, que proviene de los nietos de quiénes vivieron en primera persona aquél momento. Puesto que es un tema peliagudo, no es algo que suelten de buenas a primeras, pero un poco de charla y sutileza sirven como medio para conocer la opinión verdadera de los nativos, lejos de canales de televisión propagandísticos que, entre otras, muestran al capitalismo como salvador de la lengua hawaiiana por haber traído bolígrafos y libretas para escribirlo y preservarlo (actualmente, el porcentaje de gente que conoce la lengua hawaiiana es menos del … 0.1%).



Y aún así, difícil de entender resulta (al menos, para un servidor) que esta gente hayan sabido asumir, de una generación a otra, su presente condición de trabajadores de una macro verbena de marca barata para turistas preferiblemente japoneses . Así descubrimos, como en tantos otros lugares esparcidos por el Pacífico, un mundo doble: un carnaval en la superficie y una parcial frustración debajo de ella, que, a pesar de todo, sus actores secundarios intentan ignorar para poder disfrutar sonriendo de la poca tierra (y mar) vírgenes y sin vallar, que les queda.

Aloha...¿tienes dinero?

sábado 13 de junio de 2009

Waikiki-II: el surf

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Todo pico que rompe en la zona, por pequeño que sea, tiene su nombre. Ciñéndonos a la playa de Waikiki (no a todo el barrio al que da nombre), debe tener unos 25 picos claramente marcados por decenas de surferos esperando “su” ola (que curiosamente, pertenece también a 10 personas más). Queens, Pop’s, First Peak y Canoes son los que estamos más acostumbrados a ver en youtube o videos de surf: los dos primeros, por ser posiblemente los mejores de toda la playa; los dos segundos, por ser los más populares y accesibles.



Si los días tranquilos Waikiki está hasta la bandera de gente en el agua, durante los swells de sur (en que el North Shore puede estar prácticamente plato) el índice de surfistas y su nível aumenta de sobremanera. A pesar de ello, y puesto que surgen picos que solo rompen a partir de 6 pies (además de los que rompen a diario), el número de olas per cápita te puede ser favorable, repartiéndose los tabloneros a lo largo de toda la playa y dividiéndose entre 5 el número de posibilidades de que un novato te salte una ola.
Esos días es fácil reconocer caras: profesionales del momento como Duane de Soto o Bonga Perkins y leyendas como Montgommery Buttons o Rabbit Kekai campan por la zona, buscando algunos el mejor pico para meterse al agua, y otros, la oportunidad que les brinda la fama de poder fotografiarse con lolitas del continente que les hayan reconocido.


A pesar de que todo surfista tiene cabida en Waikiki dada la facilidad de sus olas, hay algunas zonas donde cuesta un poco más hacerse un hueco. En Queens, por ejemplo, el pico está bastante marcado, rompiendo la ola casi siempre en el mismo punto y alvergando a la mayoría de los instructores de surf (los famosos Beach Boys que nada tienen que ver con el grupo musical citado en la anterior entrada) en su tiempo libre.
Al mismísimo Tudor le hemos visto en varios videos surfeando esta ola.


A modo de anécdota personal sobre este pico, en una ocasión decidí levantarme a las 5 de la mañana, una hora antes de que saliera el sol, para intentar surfear solo en “Queens”. La ausencia de luz (u oscuridad total, más bien) no me permitía entrar al agua, así que decidí matar el tiempo de espera charlando con un barrendero de poco brío. Al explicarle mi intención de ser el primero en entrar al agua, soltó una carcajada y me dijo: - Nunca serás el primero en Waikiki. A estas horas ya deben de haber unos 15 tipos en el agua”.

Realmente no sabía si el tipo se estaba riendo de aquel turista con tabla de alquiler que era yo o me decía la verdad, así que puse cara de póquer y tras despedirme y esperar unos minutos más a los primeros rayos de luz, pude comprobar que, efectivamente, había otros que habían madrugado más que yo. ¿O habrían pasado la noche en el agua?





Waikiki-I: El lugar

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La primera vez que vi imágenes de Waikiki fue durante la retransmisión de un concierto de los The Beach Boys por TV2 a mediados de los 80, celebrando sus 25 años juntos. La actuación daría para un post entero (opción no descartable), pero lo importante aquí es que el agua turquesa, las olas limpias y fáciles y los montones de chicas que se veían en las imágenes me calaron hondo.
El panorama no ha cambiado mucho desde entonces: los edificios son un poco más altos, las tetas más siliconadas y la arena de la playa más escasa.


Quién visite Waikiki no debe olvidar que viaja a un estado más de los USA, y que va a encontrarse de frente con el capitalismo en estado puro: absolutamente todo está enfocado hacia el turismo, hasta el punto en que llegas a plantearte si el Diamond Head, el famoso volcán que vigila la playa, será de cartón-piedra, diseñado por la todopoderosa industria del Tío Sam a modo de reclamo turístico. O si esas olas que rozan la perfección más absoluta para todo longboarder mediometrista (LuserG debiera pasar a la historia por popularizar el término) estarán moldeadas por algún mecanismo sumergido que garantice la llegada continua de nipones ansiosos por gastar sus dólares.


A pesar del terrorismo urbanístico y hotelero de la zona, también es posible encontrar algo de magia en Waikiki. No resulta difícil que te coincida una ola larguísima en Queens, salpicada por una lluvia suficientemente fina como para dejar pasar algunos rayos de sol mientras la remas y la recorras avanzando hacia el arco iris (y perdónenme ustedes, los más macarras visitantes, este halo en forma de petardada romántico-lechugona, pero uno se pone tierno cuando recuerda según qué cosas).
En momentos como ése, uno es capaz de hacer falsos juramentos a las deidades hawaianas o incluso pensar en hacer sacrificios humanos frente al Diamond Head, para que el tiempo se pare en ese mismo momento.



Cuando cae el sol, Waikiki sigue rebosando actividad: decenas de restaurantes abiertos 24 horas siguen sirviendo comidas cargadas de colesterol y colorines a adultos con mentalidad de niño; autocares provenientes del aeropuerto descargan las maletas de los vuelos nocturnos, cuyos propietarios rebuscan en cientos de folletos publicitarios la manera de gastarse el dinero al día siguiente; y, algo que no puede faltar en ninguna ciudad destinada al turismo barato… el sexo callejero aparece en las esquinas. En la misma calle dónde de día se alzan las tiendas de ropa cara y agencias de alquiler de limusinas de lujo, por la noche las putas de la zona ofrecen sus servicios a todo aquél que se les cruza (si eres hombre y lo que te va es el sexo con los de tu mismo género, no te preocupes: unos centenares de metros más allá tienes una playa en dónde de noche se respira lujuria masculina, y posiblemente consigas montártelo gratis).


Y para acabar, un avance de la siguiente entrada, titulada, Waikiki-II: el surf.


miércoles 10 de junio de 2009

sesiones (uan)

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Tras una primavera catalana desastrosa en cuanto a surf (una frase muy repetida por estos lares), las playas al sur de Barcelona ofrecieron grandes olas (muy diferente de olas grandes) durante la semana pasada.Puesto que estamos en el periodo de espera del Campeonato de Longboard 2009 Big Kahuna, todo el equipo de www.longueando.blogspot.com (que somos muchísimos) aprovechamos para mostrar a quiénes nunca han visto la Platja del Aiguadolç, las olitas que se pueden encontrar (o no).

En esta panorámica del pico tienen ustedes a Josep Casas, según un conocido y fracasado tablonero catalán, "el-que-baja-el-listón" (ambos saben que yo no comparto tal opinión).La derecha empieza a romper junto (a veces, frente) al espigón del puerto, el cuál no se ve en la foto, así que imaginen ustedes cómo debió disfrutar el señor Josep de esa ola.


Este tipo con guantes de pato es Jesús "Drak", veterano surfista de estas costas y finalista, hace ya unos añitos, del "Primer Campionat de Longboard Vil·la de Sitges" (bueno, de Sitges y del Mediterraneo entero, diría yo).


Lluís González, ahora conocido en el mundo entero por su blog http://www.mediometrismo.blogspot.es/, a día de hoy sigue recibiendo cartas y e-mails de todo el globo rogándole que reabra el sitio. Él insiste en que no, aunque a mí me suena que pasará algo parecido a cuando dice "nunca más me apunto a un campeonato", la versión catalana de Pepe Hevia y su conocido "nunca más organizo un festival".


Otro pico del Aiguadolç es la izquierda que sale en el centro de la playa, una baba formidable para los tablonaires de la zona. A Àngela Turró le toca pillarla de espaldas.


Y un chaval que no longueó pero, doy fe, se lo pasó en grande con su dos-quillas.


primera entrada, primeras fotos (todo izquierdas)

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En el mundillo del tablón ya se sabe que todos podemos llegar a ser clásicos, puristas y pseudo-vírginales (según conviene, servidor incluído), pero ruego me aceptéis fotos en que lo que flota pueda diferir de un longboard.