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En el incansable debate sobre si longboard clásico o progresivo, hemos oído de todo.
A nivel de competición, y pese a escuchar tantas veces que se utiliza un sistema de puntuación “50-50” (50% maniobras clásicas y 50% maniobras modernas), no hay más que ver cómo surfean los finalistas de los campeonatos españoles para darse cuenta de que no es así.
Un dato anecdótico sobre el tema, surge de la comparativa con el país vecino. Como muchos recordaran, durante el festival de Salinas de no-se-qué-año, se pudo ver la amplia diferencia entre el estilo francés y el español (a gusto de cada uno corresponde pensar cuál es mejor o peor) , cuando cinco surfistas de la Cote des Basques se acercaron a competir a Asturias. En su surf no existían grandes reentrys ni floaters descomunales, pero la facilidad, elegancia y personalidad con que colgaban los dedos de la punta nos deleitó a todos los presentes, pensando, muchos de nosotros, que alguno de ellos se llevaría el campeonato. No fue así; de hecho, ningún francés llegó a la final masculina.
Sobre esta diferencia de estilos, el ya citado Chukito nos cuenta que “al cabo de un tiempo uno cansa de todo, y yo particularmente empecé a querer buscar un poco el lado mas clásico de este mundillo. Me olvidé de los tablones finos y versátiles y me tire de cabeza al mundo del longboard gordo y anchote. De entrada, piensas que con un tablón bien grueso, trucos como los hang-ten tienen que salir solos, pero descubres que no; que este tipo de surf tiene muuucha mas miga de lo que parece, y es posible que sea eso lo que lo haga aún más atractivo”.
Cuando Beau Young se pasó por España hace unos años (Asturias otra vez; ¿pero qué coño hace Pepe Hevia para conseguirlo?) también nos dejó unas palabras al respecto, escuchadas ya otras veces por tabloneros de su misma índole (de la índole de Young, no de Pepe) : “Coge una ola, surfeala haciendo giros cerrados, reentrys violentos y floaters de infarto… pero no le llames a eso longboard. Eso sí; si quieres ganar una competición no dudes en utilizar esos trucos”.
A nivel de formas, sin dejar de lado su pasado ni renegar de la fuerte personalidad que consiguió en los 60, el tablón ha sabido dar paso a los nuevos tiempos, sumándose a la historia moderna de una manera amistosa. Podríamos destacar en nuestras costas una tabla de entre 9’ y 9’2” trifin sin un rocker exagerado como el longboard más aceptado. Su versatilidad a la hora de jugar con las quillas combina los beneficios que proporciona un singlefin para hacer noseride con la maniobrabilidad que ofrecen las quillas pequeñas a la hora de hacer giros cerrados. Y es que, la revolución del shortboard en los 70, dejó parte de su herencia al longboard moderno.
A nivel competitivo, la cosa no acaba de alzar el vuelo. Aparte de los eventos (cada vez más escasos) de la renombrada ACL, los campeonatos de longboard tienen poca repercusión, tanto para los medios especializados como para los patrocinadores, en especial y paradójicamente, para las marcas de surf.
Kepa Alvarez, tablonero competitivo donde los haya, cree que “a nivel de organización/competición existen dos personas clave: Pepe Hevia de Salinas e Inocent de Los Locos. Pienso que deberíamos quitarnos el sombrero ante ellos por todo lo que han hecho y siguen haciendo. Por otro lado, a pesar de que haya quién piense que el longboard está de capa caída, no hay más que esperar al festival de Salinas y el número de inscritos nos dará la respuesta. ¡En mi playa hay más tablones que nunca!”.
A diferencia de Kepa, y quizás pecando de abordar con pereza los hechos, hay quiénes no le vislumbran un futuro cercano muy glorioso al longboard estatal, puesto que tras varios años de parches, cambios de escenarios, de modelos y rumbos que generan gran incertidumbre, parece que aún no se ha encontrado un camino firme y certero; y es por eso que muchos de los impulsores del tablón en nuestras costas se felicitan a sí mismos, en casi silencio, por haber vivido los momentos más importantes, sin monserga nostálgica ni resentimiento, pero con orgullo.
Aún así, y a modo de opinión personal, sigo pensando que en estos últimos años, el longboard no sólo ha brillado con doble intensidad, sino que amenaza con seguir haciéndolo hasta mucho después de haberse apagado la llama de su máxima lucidez.
*Como escribí en algún comentario anterior, este artículo sale a la luz dos o tres años despues de haberlo acabado. Espero que lo tengas en cuenta, distinguido lector, y te situes en la época al leerlo.