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¿No se pensarían ustedes que nuestro texto sobre Biarritz iba a ceñirse a ese grupo de frases que nos dio por escribir bajo los efectos de vaya-usted-a-saber-qué, verdad?
Por supuesto que no. Este entrañable pueblo nos ha aportado demasiado como para no dedicarle unas líneas en estado sobrio.
Ahí fue donde conocimos a Joel Tudor (borracho, por cierto). Donde casi perdemos nuestra virginidad (a día de hoy seguimos vírgenes). Nuestros primeros festivales de surf. Cenas a base de pizzas y Surfer’s Journals (paraíso culinario para adolescentes) en la calle du Port Vieux. Carreras nocturnas desprovistas de toda indumentaria ante los gendarmes locales. Ingestión de bebida edulcorada y empalagosa hasta creernos poseedores del espíritu gamberro de Miki Dora, …
Por supuesto que no. Este entrañable pueblo nos ha aportado demasiado como para no dedicarle unas líneas en estado sobrio.
Ahí fue donde conocimos a Joel Tudor (borracho, por cierto). Donde casi perdemos nuestra virginidad (a día de hoy seguimos vírgenes). Nuestros primeros festivales de surf. Cenas a base de pizzas y Surfer’s Journals (paraíso culinario para adolescentes) en la calle du Port Vieux. Carreras nocturnas desprovistas de toda indumentaria ante los gendarmes locales. Ingestión de bebida edulcorada y empalagosa hasta creernos poseedores del espíritu gamberro de Miki Dora, …
Dando por sentado que todos nuestros lectores conocen el hito histórico que merece la Cote des Basques (y surfeado sus olas) y que no es este blog una guía de viajes de surf, apuntaremos tan solo algo que nos resulta del todo destacable. Y es la facilidad que tiene esta playa para producir infalibles e infatigables generaciones espontaneas de personajillos encargados de demostrar que en su historia surfera nunca se pone el sol, fábricas de sueños que enmarcan historias de playa, de mar bravo, de heroicidades, de historia y actualidad.
Seas de la generación que seas, y siempre y cuando sientas inquietud por la historia del surf, seguro que conoces a alguno de ellos.

Por otro lado, y a un nivel del todo particular, huelga remarcar la relación amor-odio que mantenemos con la pleamar en la dicha playa, pues si por un lado nos impide surfear las más de las veces, también nos permite, aunque sea de manera obligada, descubrir que en Biarritz no solamente merece la pena hacer surf.
Por ejemplo, son de (nuestra) parada obligatoria un par de buenas librerías en donde el hecho de sentirnos rodeados por manuales antiguos y libros en abundancia nos hace caer en la cuenta de lo poco que hemos robado en nuestra vida.
Otra opción ineludible consiste en callejear hasta el museo del viejo Biarritz, merendar en la pastelería Aux Délices Saint Charles, o intentar colarnos en el hotel du Palais.
Y todo ello, unido a esa bohemia (muchas veces fingida) que destila por muchos rincones del pueblo, obliga a transportar nuestra mente a los 60, pensar en aquellos que cruzaban la frontera de Sur a Norte en aquella época y dormían en su coche para, por la mañana, sentir la cultura del surf recién importada, recién abierta del celofan. Por la noche, sesión de cine de destape.
Por ejemplo, son de (nuestra) parada obligatoria un par de buenas librerías en donde el hecho de sentirnos rodeados por manuales antiguos y libros en abundancia nos hace caer en la cuenta de lo poco que hemos robado en nuestra vida.
Otra opción ineludible consiste en callejear hasta el museo del viejo Biarritz, merendar en la pastelería Aux Délices Saint Charles, o intentar colarnos en el hotel du Palais.
Y todo ello, unido a esa bohemia (muchas veces fingida) que destila por muchos rincones del pueblo, obliga a transportar nuestra mente a los 60, pensar en aquellos que cruzaban la frontera de Sur a Norte en aquella época y dormían en su coche para, por la mañana, sentir la cultura del surf recién importada, recién abierta del celofan. Por la noche, sesión de cine de destape.

5 comentarios:
Muy buena entrada. Estuve en Biarritz hace no mucho pero en cuanto me marcho ya me entran ganas de volver.
Un saludo.
Me requetencanta la 1era foto. Para mi Biarritz es la California europea en concentración mínima, hablando del classic longboard.
Culopelao
Esa pizzeria de las surfers journal ya no existe.Este verano me lleve una gran decepcion cuando fui a cenar por la zona y encontre una tienda de guiri-surf.Mi novia se alegro.Me decia que con las dichosas revistitas no le hacia caso en toda la cena cada vez que ibamos alli.
Me alegro de volver a leer este blog.
Me apunto a los comentarios ya realizados, Biarritz sigue mereciendo la pena visitar, yo que la visito cada 2x3 sigue alegrandome la vista y que decir de su gentileza a la hora de aparcar jejeje siempre se me a aperecido algo sobrenatural y me ha dado la opcion de aparcar en la misma playa, con lo complicado que es eso. Biarritz que maravilla!!
yo encuentro las olas de esa playa bastante malas. quizas es porque no lo he pillado bien las veces que he ido pero no entiendo la beneracion que se le da a esa playa,
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